Las revoluciones se producen en los callejones sin salida.
La ventana de mis ojos
Espacio de una memoria desajustada.
05 junio, 2014
04 junio, 2014
26 mayo, 2014
Son sus ojos luz de mi idea ...
" Heme aquí frente a frente
de la espesa tiniebla desde donde
oírme debe la deidad rugiente
que en su seno se esconde:
Dime, Genio terrible del torrente,
¿a dónde vas al trasponer, la valla
del hondo precipicio,
tras la ruda batalla
de la atracción, la roca y la corriente. .
?
¿A dónde va el mortal cuando la frente
triunfadora del vicio,
yergue, al bajar a la mundana escoria
en pos de amor, y venturanza y gloria?
¿A dónde van, a dónde,
su fervoroso anhelo,
tu trueno que retumba...?
Y el eco me responde,
ronco y pausado: ¡tumba!
Espíritu del hielo,
que así respondes a mi ruego, dime:
si es la tumba sombría
el fin de tu hermosura y tu grandeza;
el término fatal de la esperanza,
de la fe y la alegría;
del corazón que gime
presa del desaliento y los dolores;
del alma que se lanza en
pos de la belleza,
buscando el ideal y los amores;
después que todo pase,
cuando la muerte, al fin, todo lo arrase,
sobre el oceano que la vida esconde,
dime qué queda;
dí ¿qué sobrenada..?
Y el eco me responde,
triste y doliente: ¡nada!
Entonces, ¿por qué ruges,
magnífico y bravío,
por qué en tus rocas, impetuoso, crujes
y al universo asombras
con tu inmortal belleza,
si todo ha de perderse en el vacío. . ?
¿Por qué lucha el mortal, y ama, y espera,
y ríe, y goza, y llora y desespera,
si todo, al fin, bajo la losa fría
por siempre ha de acabar..? Dime, ¿algún
día,
sabrá el hombre infelice do se esconde
e1 secreto del ser..? ¿Lo sabrá nunca..?
Y el eco me responde,
vago y perdido: ¡nunca!
¡Adiós, Genio sombrío,
más que tu gruta y tu torrente helado;
no más exijo de tu labio impío,
que al alejarme, triste, de tu lado,
llevo en el cuerpo y en el alma frío.
A buscar la verdad vino hasta el fondo
de tu profunda cueva:
mas, ay, en vez de la razón ansiada,
un abismo más hondo
mi alma desesperada
en su seno, al salir, consigo lleva...!
¡Ya sé, ya sé el secreto del abismo
que descubrir quería..!
¡Es el mismo, es el mismo
que lleva el pensador dentro del pecho:
la rebelión, la duda, la agonía
del corazón en lágrimas deshecho! "
21 mayo, 2014
¿Qué estás haciendo aquí tan tarde?
Existen métodos
insuficientes, casi pueriles, que
también pueden servir para la salvación. He
aquí la
prueba:
Para guardarse
del canto de las sirenas, Ulises tapó
sus oídos con cera y se hizo encadenar al
mástil de la
nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era
ineficaz,
muchos navegantes podían haber hecho lo
mismo, excepto aquellos que eran
atraídos por las
sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo
traspasaba
todo, la pasión de los seducidos habría
hecho saltar prisiones mas fuertes que
mástiles y
cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna
vez, algo
había llegado a sus oídos. Se confió por
completo en aquel puñado de cera y en
el manojo de
cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas,
navegó en pos de las sirenas con inocente alegría.
navegó en pos de las sirenas con inocente alegría.
Sin embargo, las
sirenas poseen un arma mucho
más terrible que el canto: su silencio. No sucedió
en
realidad, pero es probable que alguien se hubiera
salvado alguna vez de sus
cantos, aunque nunca de su
silencio. Ningún sentimiento terreno puede
equipararse
a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias
fuerzas.
En efecto, las
terribles seductoras no cantaron
cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron
que a aquel
enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el
espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien
sólo pensaba en ceras y
cadenas les hizo olvidar toda
canción.
Ulises, (para
expresarlo de alguna manera) no oyó el
silencio. Estaba convencido de que ellas
cantaban y que
sólo él se hallaba a salvo. Fugazmente, vio primero las
curvas
de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos
llenos de lágrimas, los
labios entreabiertos. Creía que
todo era parte de la melodía que fluía sorda en
torno de
él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las
sirenas se
esfumaron de su horizonte personal, y
precisamente cuando se hallaba más
próximo, ya no
supo mas acerca de ellas.
Y ellas, más
hermosas que nunca, se estiraban, se
contoneaban. Desplegaban sus húmedas
cabelleras al
viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no
pretendían
seducir, tan sólo querían atrapar por un
momento más el fulgor de los grandes
ojos de Ulises.
Si las sirenas
hubieran tenido conciencia, habrían
desaparecido aquel día. Pero ellas
permanecieron y
Ulises escapó.
La tradición
añade un comentario a la historia. Se
dice que Ulises era tan astuto, tan
ladino, que incluso
los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su
fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la
mente humana, tal vez
Ulises supo del silencio de las
sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para
ellas y
para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.
Franz Kafka (El silencio de las sirenas)
15 mayo, 2014
El reino de las posibilidades...
Esa es tu pena.
Tiene la forma de un cristal de nieve que no podría existir
si no existieras
y el perfume del viento que acarició el plumaje de los
amaneceres que no vuelven.
Colócala a la altura de tus ojos
y mira cómo irradia con un fulgor azul de fondo de leyenda,
o rojizo, como vitral de insomnio ensangrentado por el adiós
de los amantes,
o dorado, semejante a un letárgico brebaje que sorbieron los
ángeles.
Si observas al trasluz verás pasar el mundo rodando en una
lágrima.
Al respirar exhala la preciosa nostalgia que te envuelve,
un vaho entretejido de perdón y lamentos que te convierte en
reina del reverso del cielo.
Cuando la soplas crece como si devorara la íntima sustancia
de una llama
y se retrae como ciertas flores si las roza cualquier sombra
extranjera.
No la dejes caer ni la sometas al hambre ni al veneno;
sólo conseguirías la multiplicación, un erial, la bastarda
maleza en vez de olvido.
Porque tu pena es única, indeleble y tiñe de imposible
cuanto miras.
No hallarás otra igual, aunque te internes bajo un sol cruel
entre columnas rotas,
aunque te asuma el mármol a las puertas de un nuevo paraíso
prometido.
No permitas entonces que a solas la disuelva la costumbre,
no la gastes con nadie.
Apriétala contra tu corazón igual que a una reliquia salvada
del naufragio,
sepúltala en tu pecho hasta el final,
hasta la empuñadura.”
Olga Orozco (Del libro En el revés del cielo)
12 mayo, 2014
El acantilado de mis dudas ...
Pedacito de papel al viento
es la mariposa bailadora.
Danza que te gira embrujadora,
enjugando negros pensamientos.
Ido a sus colores, tomo asiento
fuera del espacio y de la hora.
Desde allí la vida se demora,
obra y gracia de su encantamiento.
Hacia el ocaso, ya hace mucho
que yace en mi camisa oscura
su luz multicolor abierta.
Si hubo un dolor, ya no lo escucho.
Y en la fragante noche pura
vuela la mariposa muerta.
Silvio Rodríguez
(Pedacito de papel al viento)
08 mayo, 2014
Evolución de un fruto no neutral, teñido por el compromiso ético con la vida.
¿Qué hiciste por aquel entonces
que no hubieras debido hacer?
“Nada“
¿Y qué no hiciste
que hubieras debido hacer?
“Esto y aquello
tal cosa y tal otra:
algunas cosas”.
¿Por qué no lo hiciste?
“Porque tenía miedo”
¿Por qué tenías miedo?
“Porque no quería morir”
¿Murieron otros,
porque tú no querías morir?
“Creo que sí”
¿Tienes algo más que decir
sobre lo que no hiciste?
“Sí: preguntarte
qué hubieras hecho tú en mi lugar”
No lo sé
y no puedo juzgarte.
Sólo sé una cosa:
mañana ninguno de nosotros
seguirá con vida
si hoy volvemos
a no hacer nada.
Erich Fried (Conversación
con un superviviente)
13 abril, 2014
La isla de los peones.
Hay un pobre peón
que siempre salta a la siguiente casilla
sin poder girar a izquierda o derecha
ni volver atrás.
Es movido por una reina tonta
que atraviesa el tablero
longitudinal y diagonalmente,
que no se cansa de llevar medallas
maldiciendo a los obispos.
Es una pobre reina
movida por un rey imprudente
que cuenta las casillas diariamente
y afirma que están disminuyendo.
Él dispone los alfiles y las torres
y los sueños de un terco oponente.
Es un pobre rey
movido por un jugador experimentado
que se frota la cabeza
y pierde el tiempo en un juego interminable.
Es un mal jugador
movido por una vida vacía
sin blanco ni negro
Es una pobre vida
movida por un Dios desconcertado
que una vez intentó jugar con arcilla.
Es un pobre Dios.
No sabe qué hacer
para escapar
de su dilema.
Dunya Mikhail (El ajedrez - Entre los poetas míos… )
06 abril, 2014
02 abril, 2014
Amigos... en callejones sin salida.
A los que vendrán después
1
Realmente vivo en tiempos
sombríos.
La inocencia es locura. Una
frente sin arrugas
denota insensibilidad. El que
ríe
es porque todavía no ha oído
la terrible noticia.
¡Qué tiempos son estos, en que
hablar sobre árboles es casi un
crimen
porque implica silenciar tanta
injusticia!
Ese, que cruza tranquilamente
la calle,
¿será encontrado cuando los
amigos
necesiten su ayuda?
Es verdad que todavía me gano
el sustento,
pero creedme: es por
casualidad.
Nada de lo que hago justifica
que yo pueda comer hasta
hartarme.
Las cosas todavía me van bien
(si la suerte me abandonase,
estaría perdido).
Me dicen: “Come, bebe, alégrate
por lo que tienes!
Pero... ¿cómo puedo comer y
beber
si estoy arrebatando al
hambriento su comida,
y mi vaso de agua le falta al
sediento?
Y sin embargo continúo comiendo
y bebiendo.
Me gustaría también ser sabio.
Los libros antiguos nos hablan
de la sabiduría:
consiste en apartarse de los
problemas del mundo
y, sin temores,
dejar que transcurra
tranquilamente
el tiempo de nuestra breve vida
en la tierra,
pagar el mal con el bien
no satisfacer nuestros deseos, sino desecharlos.
He aquí lo que
llaman sabiduría.
Pero yo no
consigo hacer tales cosas.
Verdaderamente
vivo en tiempos sombríos.
2
Llegué a las
ciudades en tiempos conflictivos
cuando reinaba
el hambre,
me mezclé
entre los hombres en época turbulenta
y me rebelé
con ellos.
Así fue
transcurriendo el tiempo
que me fue
concedido en la tierra.
Comí mi pan en
medio de batallas,
dormía entre
asesinos,
traté
despreocupadamente los asuntos amorosos,
y fui
impaciente con la naturaleza.
Así fue
transcurriendo el tiempo
que me fue
concedido en la tierra.
En mi época
todos los caminos conducían al fango,
mis palabras
me traicionaban ante el verdugo,
yo era poca
cosa. Pero pienso que los gobernantes
se sentían más
seguros sin mí.
Así fue
transcurriendo el tiempo
que me fue
concedido en la tierra.
Nuestras
fuerzas eran escasas, la meta
se hallaba
distante
y aunque podía
distinguirse claramente, me parecía
que yo tal vez
no la alcanzaría.
Así fue
transcurriendo el tiempo
que me fue
concedido en la tierra.
3.
Vosotros, que
surgiréis del marasmo
en que
nosotros nos hemos hundido
acordaos también,
cuando habléis
de nuestras flaquezas,
de los tiempos
sombríos
de los que os
habéis librado.
Cambiábamos
más frecuentemente de país
que de
zapatos,
a través de
las guerras de clases, desesperados,
porque reinaba
la injusticia y nadie se indignaba.
Bien sabemos
que el odio contra la ruindad
deforma el
rostro
y la rabia
contra la injusticia
enronquece la
voz. ¡Ah!, nosotros,
que queríamos
preparar el terreno para la bondad
no pudimos ser
bondadosos.
Pero vosotros,
cuando llegue el momento
en que el
hombre sea bueno para el hombre,
acordaos de
nosotros con comprensión.
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