Discurso de José Mujica, Presidente del Uruguay, en la
Cumbre Río+20
Río de Janeiro, Brasil, Jueves 21 de Junio de 2012
Autoridades presentes de todas las latitudes y
organismos, muchas gracias. Muchas gracias, nuestro
agradecimiento al pueblo del Brasil y a
su señora
presidenta. Y muchas gracias a la buena fe que
seguramente han manifestado todos los oradores que me
precedieron.
Expresamos la íntima voluntad, como gobernantes, de
acompañar todos los acuerdos que esta, nuestra pobre
humanidad, pueda
suscribir.
Sin embargo, permítasenos hacernos algunas preguntas
en voz
alta.
Toda la tarde se ha estado hablando del desarrollo
sustentable y de sacar a inmensas masas de la pobreza.
¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas?
¿El modelo de desarrollo y de consumo, es el actual de
las sociedades ricas? Me hago esta pregunta: ¿qué le
pasaría a este planeta si los
hindúes tuvieran la misma
proporción de autos por familia que tienen los
alemanes?
¿Cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar?
Más claro: ¿el mundo tiene los elementos hoy,
materiales, como para hacer posible que 7 mil, 8 mil
millones de personas puedan tener el mismo grado de
consumo y de despilfarro
que tienen las más opulentas
sociedades occidentales?
¿Será posible, o tendremos que darnos algún día otro
tipo de
discusión? Porque hemos creado una civilización
en la que estamos, hija del
mercado, hija de la
competencia, que ha deparado un progreso material
portentoso y explosivo, pero lo que fue economía de
mercado ha creado
sociedades de mercado y nos ha
deparado esta globalización – que significa
mirar por todo
el planeta – y ¿estamos gobernando la globalización o la
globalización nos gobierna a nosotros?
¿Es posible hablar de solidaridad y de que estamos todos
juntos en una economía que está basada en la
competencia despiadada?
¿Hasta dónde llega nuestra fraternidad?
Nada de esto lo digo para negar la importancia de este
evento. No. Es por el contrario. El desafío que tenemos
por delante es de una
magnitud, de carácter colosal, y la
gran crisis no es ecológica, ¡es política!
El hombre no gobierna hoy las fuerzas que ha desatado,
sino
que las fuerzas que ha desatado lo gobiernan al
hombre. Y la vida.
Porque no venimos al planeta para desarrollarnos en
términos
generales. Venimos a la vida intentando ser
felices. Porque la vida es corta y
se nos va. Y ningún bien
vale como la vida. Y esto es elemental, pero si la
vida se
me va a escapar trabajando y trabajando para consumir
un plus, y la
sociedad de consumo es el motor, porque en
definitiva si se paraliza el consumo
o si se detiene, se
detiene la economía, y si se detiene la economía es el
fantasma del estancamiento para cada uno de nosotros.
Pero ese hiperconsumo a su vez es el que está
agrediendo al
planeta, y tiene que generar ese
hiperconsumo cosas que duren poco porque hay
que
vender mucho. Y una lamparita eléctrica no puede durar
más de mil horas prendida. Pero hay lamparitas eléctricas
que pueden durar cien mil, doscientas
mil horas, pero
esas no se pueden hacer porque el problema es el
mercado,
porque tenemos trabajar y que tenemos que
tener una civilización de use y tire,
y estamos en un
círculo vicioso.
¡Estos son problemas de carácter político! que nos están
diciendo la necesidad de empezar a luchar por otra
cultura. No se trata de
plantearnos volver al hombre de
las cavernas, ni tener un monumento del atraso.
Es que
no podemos indefinidamente continuar gobernados por el
mercado, sino que
tenemos que gobernar al mercado.
Por eso digo que el problema es de carácter político. En
mi
humilde manera de pensar. Porque los viejos
pensadores definían – Epicuro,
Séneca, los Aimara –
“pobre no es el que tiene poco, sino verdaderamente
pobre
es el que necesita infinitamente mucho y desea y
desea y desea más y más“.
¡Esta es una clave de carácter
cultural!
Entonces, voy a saludar el esfuerzo y los acuerdos que se
hacen. Y los voy a acompañar como gobernante, porque
sé que algunas cosas de
las que estoy diciendo rechinan.
Pero tenemos que darnos cuenta.
Que la crisis del agua, que la crisis de la agresión al
medio ambiente, no es una causa.
La causa es el modelo de civilización que hemos
montado, y
lo que tenemos que revisar es nuestra forma
de vivir.
¿Por qué? Pertenezco a un pequeño país muy bien dotado
de
recursos naturales para vivir. En mi país hay tres
millones de habitantes, un
poco más, tres millones
doscientos. Pero hay unos trece millones de vacas de
las
mejores del mundo. Unos ocho o diez millones de ovejas
estupendas. Mi país
es exportador de comida, de lácteos,
de carne. Es una penillanura. Casi el
90% de su territorio
es aprovechable.
Mis compañeros trabajadores lucharon mucho por las
ocho
horas de trabajo y ahora están consiguiendo seis
horas. Pero el que consigue
seis hora se consigue otro
trabajo, por tanto trabaja más que antes. ¿Por qué?
Porque tiene que pagar una cantidad de cuotas: la motito
que compró, el autito
que compró. Y pague cuotas y
pague cuotas. Y cuando quiere acordar es un viejo
reumático como yo y se le fue la vida.
Y uno se hace esta pregunta: ¿ese es el destino de la
vida humana?
Estas cosas son muy elementales. El desarrollo no puede
ser
en contra de la felicidad. Tiene que ser a favor de la
felicidad humana, del amor,
arriba de la tierra, de las
relaciones humanas, de cuidar a los hijos, de tener
amigos, de tener lo elemental!
Precisamente, porque eso es el tesoro más importante
que
tiene. Cuando luchamos por el medio ambiente, el
primer elemento del medio
ambiente se llama la felicidad
humana.
Gracias.